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Zha´linthen d´natha ilythiiri
(Memorias de un drow)

Un relato sobre un conocido varón drow.

Autor: Kimmuriel Oblodra
Revisión y Formato:
Jashir

La ciudad se mantenía en sombras, silenciosa, fría, implacable. Toda la gente que había en centro parecía tener mucha prisa, toda.
Narbondel llegaba a su cenit, cuando la elfa oscura pasaba por la puerta de la primera casa de la ciudad, la poderosa casa Baenre. Vio apostados a más de un centenar de guardias colocados en sus puestos, siempre atentos y vigilantes. Vio también la gran verja de seis metros de altura que cubría toda la entrada y el patio de la casa, con los relieves de una gran telaraña. Se decía que fue un regalo de la diosa Lot hace miles de años y que nadie que toque la verja es capaz de liberarse de ella, pues esta hechizada, tan solo se librarían con un objeto que tiene en posesión la matrona Baenre.
Como odiaba a esa casa, la soberana de la ciudad, la que se creía, o mejor dicho, tenía derecho a juzgar sobre los demás. Paciencia se dijo, pronto llegará el día en que la derroquen. Por el momento solo queda esperar.
K’yorl Odran, matrona de la casa Oblodra, tercera de Menzoberranzan, en constante cambio y evolución a causa de las cruentas guerras internas iba escoltada por una docena de guerreros drow, de elite, por supuesto, y acompañada por su hijo menor, Kimmuriel.
Se dirigían hacia una de las guaridas que utilizaban una banda de mercenarios que crecía por días, y que se estaba haciendo tremendamente poderosa. Pronto se encontraron a las afueras de la ciudad, lejos del alcance de ojos curiosos.

Llegaron a un entramado de túneles, en los que anduvieron largo tiempo, girando a la izquierda, subiendo pequeños terraplenes, girando nuevamente a la izquierda, luego a la derecha, y acabando en una cueva sin salida, solo en apariencias.
- Formad tres grupos y vigilad el perímetro.- dijo Kimmuriel a los curtidos soldados, que cumplieron las órdenes sin rechistar. Por todos es sabido que cuanto más se aleja uno del perímetro habitado, más próximo está uno de la muerte, pues en la Infraoscuridad todo signo de vida inteligente es rápidamente extinto por las perversas criaturas que la pueblan.
Kimmuriel miró a su madre, la cual le miró con el ceño fruncido, dando a entender que no le gusto que su hijo varón hablase sin permiso. Una falta más de ese calibre y sería sacrificado a Lot, aunque más que para complacer a la diosa, sería por pura satisfacción personal, pues de dominio público que la casa Oblodra no tenía en mucha estima a su perversa deidad, cosa que hacia irritar más a las casas rivales de ésta. Los varones son siempre prescindibles. Y su hijo lo sabía, sabía que hablar sin el debido permiso delante de una madre matrona, la que fuere, se condenaba con una pena muy dura, como la amputación de algún miembro, o inclusive la muerte.

El hecho de que no se hubieran teletransportado o que K’yorl no hubiera utilizado uno de los discos flotantes que utilizaban las madres matronas mas poderosas fue por simple diversión. Le encantaba salir a la calle y ver como los aterrados drow se apartaban corriendo de su camino. Era un gran regocijo para ella el miedo que infundaba entre sus congéneres.
Esperaron a que los soldados se esparcieran por el área cuando unos ojos que llevaban tiempo observándolos conjuraron un portal en el espacio-tiempo. Ante ellos salió un portal dimensional, en el cual se zambulleron sin la menor vacilación.




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