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Khed Nasad: Traición

Un relato sobre la caida de una casa drow.

Autor: Pirotesse
Revisión: Danny Roler
Formato: Jashir

"El olor a sangre. El olor a sangre y miedo fue lo que me despertó.

Mis recuerdos se hayan borrosos, quizá por el paso del tiempo...quizá porque prefiero olvidarlos.

Aquella noche yo también dormía. Y fueron los gritos de mi propia familia los que me despertaron.

Yo tenía 9 años. Era una niña muy pequeña en el seno de la casa Del`Armgo, decimoquinta en la jerarquía de la ciudad drow de Khed Nasad, a la cual ya se le debían estar inculcando los terribles y malvados preceptos de la diosa araña Lolt... Pero no era así.

Mi hermana mayor Lathya, mi hermano Eren, y más miembros de mi familia no acogían de buen grado los mandatos de esa terrible diosa, y ocultaban a los ojos del resto de la ciudad sus verdaderas creencias, sin duda tachadas de indignas y débiles por ellos. Como una de las últimas casa nobles de la ciudad, hasta el momento no habíamos tenido demasiados problemas puesto que las ocho primeras casa regentes solían ocuparse de sus propios asuntos, y atacarse mutuamente para subir en el escalafón... Hasta aquella noche.

Alguien nos había traicionado. La primera casa de Khed Nasad en persona era nuestro verdugo, y la matanza había comenzado.

Me levanté del lecho aterida de terror, y me vestí en pocos minutos. Esta confusa y desconcertada, pero pronto me tranquilicé cuando la puerta de la alcoba se abrió y por el vano surgió la esbelta figura de mi hermana Lathya.

Lathya... La drow más hermosa que yo haya visto jamás. Sus largas trenzas enmarcaban un rostro de óvalo perfecto, unos ojos profundos y una voz musical como el arroyo de una cantarina cascada. No exagero al decir que mi hermana sin duda era la más bella de todas las mujeres drows de Khed Nasad.

Me cogió del brazo con suavidad y me instó a acompañarla sin demora. Ibamos en busca de mi hermano gemelo, Blade. Thya siempre decía que nosotros éramos especiales, muy especiales, porque nunca se había oído hablar del nacimiento de drows gemelos en ninguna ciudad de los elfos oscuros... Pero Blade y yo lo éramos.

Corrimos hasta la capilla familiar -donde Blade aún tenía que permanecer encerrado hasta cumplir los diez años, a partir de los cuales se transformaría en el paje de la familia-, y allí nos reunimos con él.

Estaba tan asustado como yo. A la luz de una antorcha encendida en la capilla, sus ojos verdes, tan verdes como los míos, relucían con seriedad.

-¿Qué ocurre? -preguntó.

Lathya juzgó conveniente contarnos la verdad.

-La casa regente ha sido informada de que no adoramos a Lolt como ellos creen que deberíamos hacerlo.... Han decretado nuestro exterminio. Debemos huir.

Mi garganta se secó. A lo lejos oímos el inconfundible sonido de las espadas entrechocando, los gritos de los moribundos... los alaridos de los drows victoriosos y sedientos de sangre.... Nuestro ejército, enfrentándose a muerte con el de la casa Xher.

-¡Vamos!

Lathya no nos dejó más tiempo para pensar. Nos cogió de los hombros y nos empujó hacia la salida de la capilla. La cruel Infraoscuridad nos esperaba fuera.

Recorrimos varios pasillos de nuestra mansión, sin dejar de oír nunca el sonido de la batalla, y cuando nos detuvimos a tomar el aliento, Thya se arrodilló a mi lado y se quitó un colgante que llevaba al cuello.

-Pirotesse, esto es para ti. No lo pierdas jamás, pase lo que pase -me dijo muy gravemente, clavando sus ojos en los míos. Yo asentí, sin poder decir palabra.

Blade nos instó a seguir con la huida, y al punto echamos a andar...pero de una de las sombras del corredor surgió la figura de un drow alto, con largos cabellos blancos y una sonrisa encantadora.

-Lathya... ¿adónde vas? -preguntó el recién aparecido.

A la luz infrarroja de mis ojos, reconocí a Zennyyt Xerh, el hijo mayor de la casa regente... y el futuro patrón de la casa Del`Armgo cuando Thya sucediera a nuestra madre. La belleza de mi hermana no le había pasado desapercibida al seductor drow, quien hacía un año le había suplicado a su matrona que le permitiera cortejarla a pesar de su baja categoría en la jerarquía de Khed Nasad.

La matrona Xher no había estado conforme con ello... y ahora sufríamos los resultados.

-Zennyyt... tenemos que marcharnos. Tu familia... nos ataca -susurró mi hermana, con voz temblorosa.

-No, te equivocas -el drow se acercó a Thya con pasos lentos, cuidadosos, elegantes-. Yo nunca permitiría que anda os ocurriera, Lathya, mi querida y hermosa Lathya...

Sus brazos se alargaron como ansiosos de abrazarla, su rostro nada indicó excepto amor y ternura... hasta que el rápido movimiento de su mano derecha desenvainó la espada de su cintura y en el mismo sesgo, la ensartó en el pecho de mi hermana.

Mi grito aún resuena en mis propios oídos. Aún puedo ver el rostro de uno de los seres más queridos que haya habido para mí en este loco mundo, el rictus de dolor que reflejó la cara de Thya más por la traición que por el filo del acero, cuando su prometido arrancó el arma de su cuerpo.

Zennyyt abrazó a Thya con el brazo izquierdo antes de que se desplomara, sin envainar la ensangrentada espada que sostenía con la otra mano, y le sonrió.

-Querida mía... Es una auténtica pena.

Y para mi horror, la besó en los labios moribundos sin dejar de sonreír.

Estaba petrificada. Noté que alguien tiraba de mí con fuerza y corrí sólo por inercia. Mi corazón estaba tan frío como la piedra que me rodeaba.

Blade me guiaba entre la oscuridad absoluta de los pasillos de la mansión. El no sabía adónde nos dirigíamos, mas... ¿a quién le importaba? ¿A quién le importaba cuando acababa de ver morir a mi querida hermana?

Noté que mi gemelo se paraba de golpe, y yo también lo hice. Al mirar sobre su hombro, comprobé que un precipicio se abría a nuestros pies, tan insondable e impenetrable como la muerte misma.

Oímos pasos detrás nuestra, y al volvernos, vimos que Zennyyt se acercaba con la obvia intención de hacernos correr el mismo destino que a nuestra familia.

Había un estrecho saliente en el borde del abismo, y Blade se soltó la cinta que le anudaba la cintura para unir uno de sus extremos a mi propio talle. Así unidos, comenzamos a deslizarnos por él, intentando no mirar la terrible caída que había a nuestros pies.

-¡¡Desechos de goblin, morireis!! -gritó Zennyyt, mirándonos con ojos ardientes-. ¿Adónde creéis que vais?

Y comenzó a seguirnos por el estrecho saliente, con el acero desenvainado.

En aquel momento, presa del terror, perdí pie. Me deslicé hacia abajo y quedé suspendida en el aire, sólo sujeta por la débil cinta de mi hermano.

Zennyyt soltó una terrible risotada, y en dos zancadas llegó junto a Blade. Pude ver las ascuas encendidas que eran sus ojos, su terrible sonrisa y su rictus malvado.

-Estás muerta -fue lo único que dijo.

Su espada cortó la cinta.

Mientras caía y caía al abismo sin fondo, escuché el grito de mi hermano, su alarido de desesperación, de dolor extremo, de impotencia... Y noté que el colgante de Thya se encendía, relucía como una tea y que su resplandor me envolvía...

Y desaparecí en el aire.

Lo siguiente que recuerdo es que desperté en un lugar extraño, pues mi olfato captó olores que nunca jamás había soñado que existieran, y que al abrir los ojos, vi que sobre mí se extendía una bóveda infinita de negrura en la cual brillaban millones de puntitos blancos y una esfera blancoazulada que me quemó los ojos con su claridad, que me aplastó con su vastedad y me hizo retorcerme sobre mí misma como un gusano hasta que el alivio de la inconsciencia pasó a aliviar mi sufrimiento.

Más tarde despertaría y sería hallada por un druida humano que cuidó de mis heridas y que me enseñó muchas cosas de las que me enorgullezco ahora. Varios años más tarde, a la muerte de mi salvador, comenzaría una larga búsqueda que me llevaría a intentar encontrar a mi hermano perdido, pero gracias a los dioses, contaría con la ayuda de unos increíbles personajes que se convertirían en mis mejores amigos y también maestros: Thunder, el bárbaro humano, y Lelaina, la elfa dorada.

Pero eso es otra historia."




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